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Por qué decimos NO al agroparc

Puntos Esenciales:


Se quiere aplicar de forma sesgada la planificación territorial vigente.

La realización del Agroparc requiere de una interpretación abusiva del artículo 1.14 del Plan Territorial Metropolitano de Barcelona (PTMB), el cual permite actuaciones de interés territorial no previstas. Esta interpretación abre la puerta a la transformación del paisaje y del sistema productivo del territorio mediante la implantación de agricultura intensiva y de diversas instalaciones que precisan de cantidades importantes de espacio, energía y agua.

Esto pondrá fin al consenso de la preservación de la economía, la biodiversidad, el paisaje y la identidad que el PTMB otorga a nuestro territorio.



No hará ni agricultura ecológica ni una agricultura coherente con su entorno.

Los cultivos del Agroparc confrontarán terrenos de cultivo biodinámico y ecológico, y pequeños cultivos que se integran en el territorio y que conforman la agricultura tradicional de nuestra comarca; de hecho, hay que tener en cuenta que forma parte de los objetivos aprobados por el plan estratégico de la DO Penedès, el compromiso de que a partir de la cosecha de 2025, el 100% del vino producido en esta DO sea ecológico.

En este sentido, aunque Ametller alega que producirá de una manera “sostenible” y “respetuosa” con el medio, sus alimentos no cuentan con ninguna certificación que ofrezca garantías sobre la idea que se pretende transmitir a los consumidores y a los ciudadanos en general.

Rompe el conector ecológico entre espacios naturales protegidos catalogados en el PEIN (Roques Blanques y Montserrat y las Montañas de l’Ordal).

El ámbito proyectado para el Agroparc, que limita con el río Anoia, se sitúa dentro del conector ecológico definido por la planificación territorial entre los espacios de interés natural de Roques Blanques y Montserrat hasta las Montañas de l’Ordal. Los conectores ecológicos se establecen, según la normativa, “para garantizar al máximo la permeabilidad ecológica entre las áreas con interés natural”. Dado que el Agroparc implicará un uso sobreintensivo del espacio, tanto a nivel agropecuario como industrial y logístico, no responde a las necesidades actuales en materia de biodiversidad y no es coherente con la planificación territorial.

No respeta la zona de caza del águila cuabarrada y amenaza el hábitat de otras especies.

Se pondrá en riesgo el águila cuabarrada, especie protegida que se encuentra amenazada y en preocupante regresión. El águila encuentra en el espacio delimitado, incluido el suelo urbanizable de Can Joncoses, una área de caza preferente y cercana al área de cría identificada en Gelida. Precisamente, entre los factores de amenaza de la especie se encuentran el incremento urbanístico y de infraestructuras y el abandono de la agricultura extensiva (que suponen la pérdida de calidad de territorios, la reducción de presas o el exceso de perturbaciones).

Asimismo, el ámbito proyectado para el Agroparc sirve de hábitat y/o de zona de paso para al menos hasta una ochentena de otras especies protegidas, que en su mayoría, en los últimos años han experimentado también un grave declive derivado de diversos factores.

Implanta invernaderos y cultivos de regadío en una zona agrícola de secano.

En el ámbito del Agroparc se plantea la construcción de 21 ha de “invernaderos tecnificados” en suelo no urbanizable, alegando que contarán con un sistema digitalizado que permitirá una mayor eficiencia en la producción. La realidad es, sin embargo, que este sistema de producción agrícola intensiva requerirá el uso de más energía y una mayor cantidad de recurso hídrico que la agricultura tradicional (y sostenible) de secano -como es la viña-, además de las otras consecuencias negativas que para el medio natural puede suponer este tipo de edificación en el entorno donde se pretenden implantar.1].

Implanta 15 ha de placas fotovoltaicas sobre terreno agrícola.

Se presenta la instalación de placas solares como una novedad revolucionaria e inofensiva, pero tanto la extensión como la localización de las placas hacen inviable ecológicamente su implantación. Además, hay que tener en cuenta la oposición y el movimiento social que ha surgido en los últimos meses en contra de las centrales solares en suelo agrario.


No optimiza el suelo industrial existente y creará una nueva zona industrial innecesaria.

Aunque el terreno de Can Joncoses fue recalificado de agrícola a urbanizable, nunca ha dejado de ser un espacio con valor ecológico y, a pesar de la idea que se pretende extender, no es un suelo yermo ni abandonado. Por la zona de Can Joncoses discurre el corredor ecológico del Torrent de Can Joncoses, y se encuentran todas las especies de fauna mencionadas anteriormente. De hecho, el grupo municipal ahora al frente del gobierno local de Gelida, en el año 2019 declaraba en su programa electoral que la industria debía ir “a los polígonos ya existentes y donde tenemos mucho espacio disponible, sin dañar Can Joncoses”. Esta posición parece haber desaparecido desde las últimas elecciones ganadas.

Independientemente incluso del valor natural de la zona, debemos preguntarnos: ¿es necesario construir más naves industriales cuando, en Gelida mismo, tenemos naves edificadas con un nivel de ocupación nulo o insuficiente? La respuesta es no. No tiene ningún sentido construir una zona industrial cuando tenemos naves vacías y polígonos en desuso por todo el país y por toda la comarca (en el Penedès tenemos más de 200ha de polígonos construidos y desocupados).


Se incrementa en un 77% la actividad industrial respecto al POUM vigente.

Según datos del propio proyecto de Ametller, actualmente, el suelo de actividad de la zona de Can Juncoses es de 13.0ha, sin embargo, en su nueva propuesta Agroparc, con el pretexto de preservar suelo especial de viña y suelo especial de valor natural (como es el conector ecológico del torrente de Can Juncoses) incrementan en un 77% este suelo de actividad, hasta las 23 ha [2].

Pasando así de un polígono compacto a tres áreas de actividad segregadas que van de la fuente del Claro hasta más allá del puente del AVE y que necesariamente tendrán que interconectarse.

Supone un importante impacto paisajístico y ambiental.

Gelida es la puerta del Alt Penedès, su mosaico agroforestal y vinícola constituye una frontera ambientalmente preservada al sur de la región metropolitana. Sin embargo, la implantación de un paisaje AgriTech, vinculado a un polígono industrial y gestionado como un parque temático, difumina los límites de actividad industrial que hasta ahora han estado circunscritos a los polígonos. Dispersando en el paisaje agrario las entradas de materia, energía y residuos relativos a una actividad de esta magnitud industrial y turística se introduce un cambio determinante en la gestión del paisaje. La confluencia del polígono de Can Juncoses con las nuevas instalaciones del parque agrícola que se vincula creará la necesidad de disponer de redes eléctricas, de agua y de comunicaciones internas, con las consecuencias asociadas como la contaminación acústica, la lumínica, y la producida por los residuos.

Se compromete, por tanto, el rostro, la identidad, el carácter y las relaciones agroecológicas en un territorio vulnerable, valioso y finito.

Conlleva una fuerte presión de movilidad y humana sobre el territorio.

En cuanto a la movilidad generada por el proyecto Agroparc, hay que tener en cuenta que, por un lado, se prevé un flujo de unos 90.000 visitantes/año (equivalentes a 250 visitantes/día) y 1.000 trabajadores, y, por otro lado, la magnitud y alcance del proyecto supondrá una movilidad motorizada de mercancías, tanto para materias primas como para envases, productos elaborados y residuos. El volumen diario de vehículos pesados será, sin duda, muy considerable. La intensificación de la movilidad en la zona conllevará una presión ambiental que será evidentemente negativa y perceptible tanto directa como indirectamente, con una única carretera de acceso, la BV-2249, que no puede absorber un flujo de vehículos tan importante y que además pasa por el medio de un núcleo habitado.

No es un sistema de ciclo cerrado.

Aunque se promueve el Agroparc como un proyecto totalmente sostenible y de ciclo cerrado, hay diversos factores que nos indican que esto no será una realidad. Es necesario contextualizar y recordar el alcance de la actividad de Ametller. Para poder producir todo lo que se propone dentro del Agroparc, será necesario hacer llegar una cantidad enorme de productos provenientes de otros lugares, y, entre otras cosas, se necesitará una cantidad de agua muy superior a la que puede soportar el territorio -recordemos, además, la implantación de cultivos de regadío en un suelo de secano-. En este contexto de emergencia climática, no resulta coherente desarrollar y ejecutar este tipo de metodologías.

Pretende simular un modelo de producción y comercio de proximidad y lo perjudica.

En definitiva, el Agroparc se desarrolla sobre la base empresarial de un modelo de integración vertical de crecimiento sostenido, no sostenible, que desvirtúa el valor de la proximidad y no se puede sustentar sin externalidades, a pesar de que se presente como una actividad de ciclo cerrado y bajo la apariencia de la agricultura de kilómetro 0.


Notas:

[1] Proyecto: “Avance de planificación para la implantación de un PROYECTO DE INTERÉS TERRITORIAL. En los ámbitos de CAN JONCOSES-LA TALAIA, CAN MATA D’ABELLÓ Y CAN FONT DE L’ALZINAR” (Fecha: 2021.09.20

[2] Proyecto: “MODIFICACIÓN del POUM de Gelida en los ámbitos de CAN JONCOSES-Y FINCAS COLINDANTES. Documento para aprobación inicial” (Fecha:2022.11.15)